Los mejores reportajes del Perú profundo y vivencias de un gran aventurero: Tati Espinosa y su épica defensa de la Amazonía (I)

Por Álvaro Rocha Revilla

Poco floro y mucha acción de esta heroína en la cuenca del río Las Piedras en Madre de Dios, que será condecorada este 12 de noviembre con uno de los más prestigiosos premios medio ambientales del planeta.

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“¿Cuántos caminos debe recorrer una persona antes de ser reconocida como un hombre? La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento”.

No sé por qué lo primero que me vino a la cabeza después de ver a Tatiana Espinosa, lejos de Lima, donde la conocí, más en su perfil científico, fue esa canción de Bob Dylan (Blowin' in the wind). Porque allí, en su concesión de reforestación Arbio, en el río Las Piedras, supe realmente de qué estaba hecha esta chalaca de tuta la vida, nacida por accidente en Miraflores. Estaba hecha de una madera más dura que la de los shihuahuacos y en sus venas corría la sangre ardiente de los Barracones.

Por eso pensé en Dylan, porque a esta mujer la han amenazado, pechado, robado, y a pesar de toda esa insania no han podido doblegar su espíritu libre ni sus sueños. No importaba que el Nobel Dylan se refiera a un hombre en su lírica, en realidad está hablando del género humano, y vaya que Tatiana, bah Tati, ha hecho suficientes méritos para ser reconocida como una persona especial, muy especial.

Tati, había lateado por muchas rutas, mejor dicho, trochas, y se ha enfrentado a todo y a todos, para lograr posicionarse y hacerse respetar en el corazón de una cuenca, que solo los ingenuos pueden clasificar como “virgen”. No hay selva virgen, salvo en los poemas y los discursos de los políticos. El auge del caucho llegó a Las Piedras en 1894, y la esclavización fue tan brutal que, desde entonces, hay grupos de mashco piros que viven bajo sus propias reglas en aislamiento voluntario. En la década de 1990 la vampirización se tradujo en la tala irracional del cedro y la caoba. Algunos equivocadamente le dicen boom, pero creo que (como con el guano y la anchoveta), si han reducido la enorme cantidad que poseíamos de esas especies valiosas a una mínima expresión, se ha tirado al tacho una oportunidad única de hacer negocios por largo tiempo en la industria maderera, por la angurria de obtener dinero rápida y despiadadamente. La historia del Perú, en suma.

Puerto Maldonado es una ciudad desangelada, como todas las que han crecido, como Chimbote en su oportunidad, por engancharse al capitalismo salvaje, más propio de las atrocidades laborales de los inicios de la Revolución Industrial, que de la narrativa de justicia imparcial, sostenibilidad ambiental, y protección de los derechos humanos (no solo de los nativos), que nos hacen pasar como sebo de culebra en pleno siglo XXI.

Puerto Maldonado al amanecer. Olor a polvo, a humedad, a sudor. Y el lejano chillido de un mono machín, una de las mascotas preferidas de esta ciudad. Partimos con Tati por la Interoceánica hasta el pueblo de Alegría a 60 Km. de la capital de Madre de Dios. Luego agarramos una trocha de 50 Km. hasta Puerto Lucerna en el río Las Piedras.

Juez y parte

Pero esta no es en realidad una carretera, es una arteria abierta por donde sangra, a borbotones, la savia que le da vida a la Amazonía. En una hora nos cruzamos con 9 camiones, todos cargados de shihuahuacos y por allí un par de ishpingos. No hay un solo control forestal en esta ruta polvorienta. “Solo rodeando mi concesión de reforestación hay 50 Km. de carreteras ilegales que se han abierto entre 2015 y 2019, no hablo de la cuenca del río de Las Piedras, solo hablo de las que merodean por mi concesión”, nos aclara Tati. Tiene que estar alerta todo el tiempo, mientras escribo esto tractores forestales están abriendo carreteras para levantarse shihuahuacos. Según información de la misma Dirección Regional y de Fauna Silvestre de Madre de Dios, esa concesión (colindante a la de Tatiana) no tiene autorización para extraer madera, ni menos abrir carreteras para su movilización. Por lo tanto, todo se realiza ilegalmente

Según le ha informado su vecina Nurinarda, los señores a cargo de crear una cicatriz más en la selva, también son los encargados de hacer el POA (Plan Operativo Anual), una atribución del Osinfor (Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre), para controlar que las concesiones forestales no tergiversen los hechos ni se desvíen de los objetivos prometidos.

Es decir, juez y parte. El gato en el despensero. “No puedo asegurar si él blanquea la madera como me han contado”, apunta Tati. Blanquear es el método más usado por las mafias que corrompen a las autoridades para obtener documentos oficiales que certifican que la madera de origen ilegal ha sido extraída de una zona autorizada. Ronald Taboada, guardaparque de Arbio, le previno a Tati que corrían peligro, porque los madereros ya habían marcado con flechas rojas los shihuahuacos que se iban a tumbar…a solo unos metros del bosque de Arbio. Entonces Tati ha mandado colocar gigantografías al borde de la carretera y cárteles en los shihuahuacos que advertían que su concesión estaba vigilada por satélites y cámaras del Serfor (Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre). “Ja, ja. A ver si de repente eso es disuasivo. Y al mismo tiempo, apenas llegué a Puerto, escribí todo esto ¿no? y eso fue lo que le envié en un correo a Alberto Gonzales (director ejecutivo de Serfor) con copia a todos para que sepan de la situación, que está ocurriendo y todo eso”, comenta Tati, que mantiene el humor y la proactividad hasta en los momentos más dramáticos.

La guerrera y el poeta

Tati ahora se toma las cosas con soda, pero en 2006 obtuvo la concesión de reforestación, categorizada entonces como de "bajo valor comercial", porque el bosque estaba “descremado”, es decir sin sus árboles más valiosos, como el cedro y la caoba. Recién pudo acceder a la concesión el 2010 porque estaba estudiando una maestría en Costa Rica, y le tomó 3 días llegar a su terreno de 916 hectáreas, equivalente a la dimensión del distrito de Miraflores. Algo le olió mal cuando se topó con una floresta pletórica, ¿porque concedían concesiones de reforestación en una selva primaria? Maliciaba que con ese cuento iban a sacar toda la madera que pudieran y después hacer la finta de sembrar unos arbolitos. Y no se equivocaba. Tati, en cambio, pretendía investigar, crear conciencia de conservación, ser una rara avis, dentro de la vorágine de expoliación en que había devenido Madre de Dios.

Pero también tuvo que luchar contra los prejuicios de género o, a veces, adaptarse a ellos. Cuando levantó su primera cabaña contrató peones y a pesar de ser ingeniera y jefa, tuvo que desempeñar un rol que pensaba anclado en el siglo XIX. “Eran puros hombres y yo, así que me tocó cocinar”. Claro, en el Perú profundo, las sociedades tienen un machismo más acentuado. “Las coordinaciones fueron mayoritariamente con hombres y como mujer existía una gran desventaja. Muchas veces he requerido de la sola presencia de un hombre parado al lado para que me tomen en cuenta”, relata Tati.

Este 12 de noviembre cuando Tatiana Espinosa (41) sea galardonada en Nepal, con el Jane Goodall Hope and Inspiration Ranger Award, por su labor conservacionista en Madre de Dios, considerado el Nobel de los premios ambientalistas, tomará más sentido la letra de Bob Dylan.

Y será, por cierto, casi como un homenaje de Nobel a Nobel. De un músico poeta a una guerrera indomable, que se enfrenta al infame mito del progreso, y al poder omnímodo del sistema, los incendios forestales en la Amazonía, animada seguramente por las nieblas de cólera ante la carnicería y el llanto, que se desata con total impunidad.

Link de la canción de Bob Dylan:

https://www.youtube.com/watch?v=8bfMoUX5fFI

(Esta saga continuará con nuevas entregas, porque recién se ha vislumbrado la punta del Iceberg)

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NOTA: la foto fue tomada por Flor Ruiz, y allí está nuestra heroína Tatiana Espinosa bajo un altivo Shihuahuaco

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