Alianza Lima anunció como su nuevo entrenador al argentino Carlos Bustos. Los íntimos siguen lejos de sus raíces
Por Luis Oyola Ancajima
En una reciente entrevista, el profesor Roberto Mosquera, técnico campeón con Sporting Cristal y que ha sufrido en carne propia el dolor de perder la categoría con un club querido y emblemático como Deportivo Municipal, se refirió al Alianza Lima, subrayando que el 60% de su familia es hincha del cuadro victoriano y que extraña la guitarra y el cajón, en una alusión subliminal al alejamiento a las raíces futbolísticas que no se practican hace mucho tiempo en el equipo y que le ha costado finalmente bajar a la Liga2.
Es esa falta de idiosincrasia, que como el diccionario lo define es el “modo de ser que es característico de una persona o cosa y la distingue de las demás”. Es la pérdida de identidad, que es la “circunstancia de ser una persona o cosa en concreto y no otra, determinada por un conjunto de rasgos o características que la diferencian de otras”. Y ni qué decir del concepto de ser íntimo: “Dicho de un amigo: Muy querido y de gran confianza”, aspectos no menores que se han destrozado con las malas decisiones dirigenciales.
Y hoy, no conformes con ser responsables directos de la pérdida de categoría del Alianza Lima, los encargados de la administración temporal anuncian la contratación de un entrenador que está a años luz de la identidad de la centenaria institución: el argentino Carlos Bustos será el encargado del plantel profesional.
El profesor Bustos ha dirigido en el Perú a la Universidad San Martín y al FBC Melgar. Con ninguno ha campeonato. Y con los mistianos ni siquiera acabó la temporada. Si de por sí dirigir a un equipo grande y popular en primera es difícil por las presiones propias de su historia e hinchada, ¿se imaginan lo que representa hacerlo en la segunda división, con la obligación de campeonar para volver a la división de honor? No nos pidan darle el beneficio de la duda. Ya sabemos que lo que mal empieza, mal acaba.
Foto Alianza Lima