Silencio, el maestro Man Bok Park ha muerto. El vóleibol peruano y mundial está de luto. Se cierra un capítulo de oro

Por Luis Oyola Ancajima

La noticia fue un furibundo mate al corazón. Man Bok Park, el técnico coreano que modernizó el vóleibol peruano, murió hoy a la edad de 83 años. Él tuvo la capacidad de seguir los pasos del precursor del deporte de la net alta en el país, el japonés Akira Kato, para trabajar una brillante generación de deportistas que alcanzaron su pico más alto al obtener la medalla de plata en la Olimpiada de su natal Seúl en 1988.

En mis primeros años de periodista deportivo tuve contacto permanente con Man Bok Park y la selección de vóleibol que él pulió cual pulcro joyero. Recuerdo las vigilias que montaba permanentemente en El Olivar, para intentar arrancar una declaración al paso de alguna de las jugadoras estrellas del momento, como Gina Torrealba, Denisse Fajardo, Cecilia Tait, Gabriela Pérez del Solar, Cenaida Uribe, Natalia Málaga o Rosa García, por citar algunas de las chicas que yo veía llegar apuradas y casi al paso me repetían: “Me cambio y salgo”. Eso implicaba que debía quedarme plantado tres o cuatro horas en las  afueras del court, según demoraba el entrenamiento.

El guardián del coliseo, el robusto y terco Cirilo, se ponía tan serio como el propio Manbo cuando amagaba acercarme a la reja. Sus ojos ya me telegrafiaban un “no te atrevas a querer entrar”. Pero un día, ante sorpresa de ambos, se abrió la puerta principal cuando ya habían entrado todas las chicas. Era Man Bok Park haciendo una seña de acercamiento. Cirilo ya iba a correr a su encuentro cuando lo detuvo con un seco: “Tú no, el gordo”. Confieso que en esos veinte metros que nos separaban repasé mentalmente todas mis notas del vóleibol para recordar si había metido la pata en alguna...

Lo que siguió fue un momento sublime, lo confieso. “Tú vas a subir a ver entrenamiento, pero tú no conversar con chicas. Tú hablas con chicas y no entras más”. No estoy seguro si algún otro colega tuvo ese privilegio. Lo que sí sé es que esas coberturas desde entonces se convirtieron en un verdadero doctorado universitario…

En mis años mozos como periodista, era casi una costumbre que el redactor se corra la cancha, pero cuando había competencia internacional y se daba la oportunidad de viajar, se matriculaba el jefe. Y el mío era además un capo del periodismo, un amigo, un señor de señores, el recordado maestro Roberto Salinas Benavides. Él viajó a cubrir los X Juegos Panamericanos de Indianápolis, Estados Unidos, competencia en la que se nos volvió a negar la medalla de oro a costas del poderoso sexteto de Cuba. Esto nos obligaba a jugar nuestra última carta de clasificación a la Olimpiada de Seúl 1988 en el campeonato Sudamericano que se disputó en Punta del Este, Maldonado, en Uruguay, ese mismo año.

Al perder la medalla de oro, a Roberto Salinas Benavides lo buscó la mamá de una de las voleibolistas de la selección. Estaba muy brava –la hija le sacó ese carácter-, y le comentó una serie de cosas que su vena periodística no pasó por alto. Recuerdo que al recibir en la redacción del diario HOY el fax con su nota, me puse pálido, pues entre otras cosas se hablaba abiertamente de lesbianismo como uno de los factores que resentían al grupo. Sí, un tema que si hoy puede escandalizarlos, pues pónganse en el contexto histórico cuando se publicó en la contraportada del diario.

La bomba periodística estalló en la hipócrita sociedad peruana y dada la importancia de la cita sudamericana en Uruguay, esta vez rompieron la “regla” que sólo el jefe viaja al extranjero, para embarcar a este servidor a dar la cara en esa aventura. Fui el último periodista peruano en tomar el vuelo a Montevideo y de ahí a Punta del Este. Teníamos reservación en el hotel Península, que también ocupaba la selección peruana. Su recepción era muy chica. Al frente de la misma estaba un pequeño cafetín. No había terminado de bajar mi maleta para pedir registrarme, cuando Coco Alva me sorprendió con un cálido saludo y acto seguido me jaló hacia la mesa que ocupaban Jorge Sato y Man Bok Park. Me tocó tomar el asiento al lado de Manbo, que no respondió mi saludo y Sato apenas asintió. Comprendí entonces que no fue una percepción engañosa que las jugadoras que estaban cerca a la recepción me ignoraron.

Fueron minutos donde sentí como me recorría la sangre helada por mis venas y ya sentía ahogarme en medio de tanta incomodidad, cuando Jorge Sato me dijo: “Oyola, y también has venido a fregarnos como tu jefe?”. No sé por qué de pronto se me vino a la memoria una famosa frase del sonado caso Villa Coca, sí la de los hermanos Paredes López, cuyo inmenso laboratorio de cocaína estalló en Surquillo un 24 de julio de 1985. Así que respondí: “Profe, yo soy su hermano pero no sé nada… usted me conoce, él es Roberto Salinas, yo Luis Oyola”. Las carcajadas me devolvieron la vida y Manbo llenó un vaso de cerveza, me lo ofreció y me regaló una sonrisa reconciliadora. Nos quedamos compartiendo hasta que la hora los obligaba a alistarse para ir a una reunión que les ofrecía el embajador de Perú. Y mientras llenábamos nuestras copas, las cabecitas de las jugadoras se turnaban para asomarse y mostrar su sorpresa porque el ”Jefe” ya me había perdonado. Y ellas entonces me devolvieron cada saludo con gentileza.

Ese Sudamericano lo ganamos arrasando a todos. Casi casi masacramos al mismísimo Brasil en la final con un contundente 3-0. Recuerdo que en esa época las radios hacían planta baja con interminables rollos de cable para poder jalar el micrófono tan lejos como podían. Y entre colegas éramos solidarios. Julio Julián Adams Figuroa, la estrella de radio Callao, no encontraba por ningún lado a Manbo y me pidió el favor de ubicarlo para que se acerque a su posición antes de cerrar la transmisión. Peinamos todo el palco preferencial sin éxito, hasta que divisamos a Manbo en la tribuna de Oriente, solo y pensativo. “¡¡¡Ganamos!!!” le exclamamos eufóricos. Él levantó la mirada y me dijo: “Siéntate gordo”. Y entonces nos pronosticó hasta de lo que “iba a morir el vóleibol” si la dirigencia de turno no implementaba una serie de medidas para asegurar la aparición de nuevas figuras. Estaba decepcionado. Cuando nos dijo que Argentina podía ganarnos en unos años, era algo muy difícil de creer. Pero cuando nos advirtió que incluso Venezuela podía hacerlo, buscamos en sus ojos un rastro de locura… El tiempo le dio la razón.

Una última del maestro y amigo. En 1993 logró que Cusco sea sede del Sudamericano de Vóleibol absoluto. Muy en el fondo él sabía que la altura iba a ser un factor para equilibrar el gran potencial que ya exhibía Brasil. Esa final fue inolvidable para nosotros. Un triunfazo bicolor. Entrada la noche, cuando estaba seguro que sus amigos periodistas convocados a una cena especial no podíamos transmitir “la primicia” -no contábamos con los teléfonos inteligentes ni la tecnología de hoy-, nos anunció su retiro como entrenador de Perú y nos mostró su profundo agradecimiento por estos años de fiel cobertura. Se me llenaron los ojos de lágrimas, esas mismas que hoy me impiden seguir escribiendo. Gracias por tanto Man Bok Park. Descansa en paz MAESTRO y amigo!!!

Sidebar 1

Mas Leído