Palmeiras terminó como el mejor clasificado a octavos tras apabullar al Tigre por 5-0. Una pobre despedida del Matador

María Arena | Diario Olé

Punto final para una travesía que duró más tiempo sólo porque la pandemia hizo que la agonía se prolongara. Fue una historia que se gestó mal y que terminó peor. Es cierto que no iba a ser sencillo que un equipo del Ascenso pudiera hacer mucha fuerza en la Copa Libertadores, pero el análisis es más profundo.

Porque poco quedó de aquel Tigre que consiguió la Copa de la Superliga (sólo Ezequiel Rodríguez y Cachete Morales repitieron titularidad con respecto al 2-0 a Boca del año pasado) y se ganó el pasaje a la competencia pese al descenso. Porque dejó una pálida imagen en la última temporada en el torneo de la Primera Nacional. Porque en la vuelta a la competencia, con un plantel renovado, fue de mayor a menor.

Con un equipo diezmado por varias bajas por Covid y lesiones, el Matador intentó lograr la hazaña de clasificar a la Sudamericana, una utopía por lo mostrado hasta el momento. En el inicio en Brasil casi golpeó por el empuje y por algunas fallas del Verdao. Aunque no estuvo fino y dejó pasar su momento. Así, el local aprovechó la primera chance que tuvo y abrió el partido con Veiga.

Pese a ser un rival ya clasificado y con una pequeña crisis por la partida de Vanderlei Luxemburgo, Palmeiras se mostró muy superior y terminó de decorar el resultado en el complemento ante un Tigre desdibujado, frío, sin alma, sin un objetivo, sin un conductor y con muchas preocupaciones de cara a la definición de la PN. Gómez, Zé Rafael, Verón y Rony sellaron el 4-0, mientras que el debutante Zenobio (el cuarto arquero) paró un penal.

Su objetivo es el ascenso, así será difícil...

Foto CONMEBOL

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